¿Sacrificio o estilo de vida?

1 noviembre 2015 - GreenMonkeyLife

Artículo por: Jose Armando Castaneda

En mis 27 años mi peso ha pasado por varias etapas, empecé siendo el gordito durante mis primeros años de colegio y llegué a ser el “cholo” de mi promoción, esto fue uno de los factores que me motivó a seguir entrenando vigorosamente y con muchos sacrificios llegué a ganar dos competencias de fisicoculturismo con tan solo 20 años de edad.

Después de 3 años practicando el fisicoculturismo, me cansé, estaba exhausto de las rutinas de 4 horas de entreno y la rigurosa dieta de 30 claras de huevo a diario. Se había vuelto un trabajo, una obligación y deje a un lado la pasión que me motivaba al inicio. Escuchaba lo que otros esperaban de mí, pero en algún momento olvidé lo que yo quería.
A este sentimiento se le unió otro mucho más doloroso; ese mismo año mí vida dio un giro de 180 grados: mi padre, mi gran apoyo, falleció inesperadamente. La tristeza y la depresión me llevaron a abandonar la dieta y el ejercicio por completo. Empecé a dedicarme a encontrar un trabajo para poder ayudar a mi familia y asumir responsabilidades.

Esta etapa en mi vida me llevó a “comerme mis sentimientos”, comía por comer, siempre que me ofrecían algo de comer se me dificultaba decir: no. Había perdido mi fuerza de voluntad y la disciplina que había adquirido al practicar el deporte. Mi actividad física pasó de un 100% a 0% en cuestión de semanas. Tuve varios intentos por regresar al gimnasio y ponerme en forma nuevamente, pero tomaba de excusa una vieja lesión en la espalda y que por lo tanto no me permitía exigirme o realizar los ejercicios con la intensidad suficiente como para que me funcionaran.

Para el 2013 ya había alcanzado las 275 libras, ¡Jamás había pesado tanto!, mi talla de pantalón era 38 y estaba a un paso de llegar a la 40; todo debido a la ingesta desmesurada de comida y alcohol que consumía por semana. Pero un día, ese mismo año, después de subir una serie de gradas en la oficina me mareé, me quede sin aire, me dolía la cabeza, definitivamente era mi cuerpo diciéndome ¡ya basta! Casualmente en la oficina nos ofrecían los servicios profesionales de una nutricionista y al siguiente día pasé consulta con la Licda. Rebeca Portillo.

Terminé de comprometerme con mi plan nutricional y sentir confianza con Rebeca con el hecho que en mi plan nutricional había incluido mis comidas favoritas: pupusas de queso los domingos, sushi y pasta. Ella me enseñó que la comida no es mala, lo malo es cuando nos excedemos con ella y que simplemente debemos aprender a comer. Dejé a un lado las excusas y volví a las pesas, estaba dispuesto a empezar de nuevo, sentía esa auto-motivación que había dejado de sentir desde hace mucho tiempo. Empecé realizando pesas con movimientos más controlados, enfocándome en la ejecución correcta del movimiento para lograr una óptima contracción muscular. Madrugaba 6 veces a la semana para entrenar en el gimnasio, no quería tener la excusa del cansancio después del trabajo (aparte que no me gusta entrenar cuando el gimnasio está lleno jaja), eliminé todas las páginas de comida que seguía en Facebook y las cambié por páginas sobre motivación del gimnasio, consejos de dieta, celebridades de la industria del Fitness; Empecé a investigar más sobre técnicas de entreno, nutrientes, etc. En fin reencontré mi pasión y amor por las pesas y, aún más importante, estaba enfocado en recuperar mi salud y bienestar.

Esta experiencia me ha enseñado que mantenerte en forma no implica sacrificar los alimentos que más te gustan, sino que es un estilo de vida en donde todo es permitido pero debes llevar un control de lo que comes. He aprendido a tener una buena relación con la comida, me doy mis gustitos de vez en cuando (#cheatday). Disfruto ir al gimnasio, se ha vuelto para mí la mejor terapia y forma para botar el estrés.

El mejor consejo que les puedo dar es que encuentren una actividad física que disfruten, puede ser jugando futbol, la natación, las pesas, el crossfit, etc. El ejercicio no debe ser un castigo si no un canal para eliminar el estrés de tu día a día, una pasión y un complemento de tu alimentación saludable. Comprendan que a “dieta” estamos todos, solo que a veces esta es buena o mala y quien decide esto sos VOS. Pero sobre todo, sé paciente, no esperes resultados de la noche a la mañana, recuerda que es un proceso de cambio el cual depende de tu constancia y perseverancia. Trázate acciones semanales que se reflejen en resultados mensuales y recuerda que cambiar tus hábitos alimenticios y estilo de vida no es fácil, especialmente al principio si estás acostumbrado a salir e ir comer todos los fines de semanas, con tu familia y amigos y ellos te ofrecen la comida que no se terminaban, aprende a decir NO. Nunca dejes a un lado lo que te motivó a iniciar el viaje de tu transformación. ¡Espero mi historia te motive e inspire a iniciar tu viaje por el fitness!

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